lunes, 16 de junio de 2014

Santos sin devotos, o la esperanza de Paz y la equidad en Colombia.

Colombia ha elegido el camino a la Paz. Otra cosa será que lo consiga, pero al menos se ha dado vía libre al reelegido Juan Manuel Santos para seguir trabajando en ello.
No será fácil, como nada lo es en Colombia. Santos, ha sido reelegido en segunda vuelta con un 51% de los votos, frente al 45% ultraderechista (NeoUribista, también pueden llamarle), Zuluaga, con un preocupante 53% de abstención y que hay contado preventivamente con 74 observadores de la OEA.

Y es que nada en Colombia es fácil, la elevadísima abstención en un tema tan importante como es la elección presidencial, no deja mucho margen de maniobra. La izquierda y sectores más moderados han apoyado a Santos aún conociendo sus antecedentes en el Gobierno, con escaso predicamento social, cultural, y de mejora para las clases baja, y dejando una nefasta gestión en la Sanidad con escandalosas gestiones en las EPS y dilapidando el sector público. Todo por la Paz. Y es de elogiar el sentimiento de Estado del Polo Democrático y los progresistas bogotanos de Gustavo Petro. Santos no es solamente el mejor camino a la paz. Es el único que ha dejado la primera vuelta de las elecciones. El camino a una estabilidad crucial en la zona con las relaciones con Venezuela, muy deterioradas tras los gobiernos de Uribe y Chávez.

Y es que no solamente hay dos Colombias, hay muchas y todas divididas. La de la desigualdad entre ricos y pobres. La de Uribe, la guerra y la confrontación, cuyo granero de votos es en zonas del país donde la guerrilla ha estado menos presente sobre el terreno (aunque si con atentados) y que apoyaron a Zuluaga, y la Colombia periférica donde en mis queridos costeños y costeñas han optado por la vía pacífica de Santos.

La excepción puede haber sido Bogotá, donde Petro puede haber decantado la presidencia con su apoyo a Santos. Digno de elogio, pues a pesar de la inhabilitación que ha perseguido al alcalde y exguerrillero y en la que Santos no hizo nada por defenderle, Petro ha optado por una visión de Estado y su apoyo tal vez haya resultado crucial para que Santos haya sido reelegido. En la política hay muchos malos ejemplos y Colombia tiene un puesto de deshonor en ese ranking, pero la Democracia se construye con actuaciones de este tipo que engrandecen la actitud del regidor de la antiguamente llamada Atenas latinoamericana.  

Aunque hay muchas colombias, la pobre, la de los bajos estratos (lamentablemente se siguen clasificando los barrios por estratos en función de la riqueza de sus habitantes), la de los desplazados, la de la periferia, la que tiene el acceso difícil a la educación y a la sanidad y la que le supone un mayor esfuerzo tener que ir a votar, ha optado por el pragmatismo y por dar la oportunidad a Santos, cuya inteligencia política no se discute.

A Santos, por la inteligencia que ha demostrado, puede que pase a la historia por ser el presidente que termine con 50 años de guerra, ojalá lo sea, pero hay que pedirle que además  de las grandes cifras económicas que hacen de Colombia un país próspero a ojos internacionales (no a muchos de sus ciudadanos), empequeñezca las cifras de pobreza, desigualdad, mejore la decrépita sanidad privatizada. La izquierda que lo ha acompañado en el proceso de paz, estará frente a él en el gobierno, recordándole cada día las cifras de esa Colombia del día a día, a la que se le “descuadra” el mes si tiene que arreglar un electrodoméstico, si precisa atención sanitaria especializada, o que cuenta los pesos para comprar una libra de arroz.

Ayer citó a Gabriel García Márquez, con la Colombia que soñaba el desaparecido genio de Aracataca, que todos pensamos, está más cerca, o al menos, no tan lejana como si hubiese ganado el títere de Uribe, Zuluaga. Ojalá esté cerca, así como la Colombia de la equidad que también citó anoche. Y nos encargaremos de recordárselo.


No hay comentarios: